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Dibujos animados y fiestas infantiles

fiestas infantiles  Leyendo un artículo de Diego Cuevas en Jot Down, sin desperdicio alguno, acerca de lo que se ofrece a los niños en materia de diversión hoy en día. Y es que hay dos cosas que me horrorizan, dos cosas que me dan tanto miedo que podrían formar parte de mis peores pesadillas, dos cosas que la mayoría de los adultos ofrecen a sus niños como el gran regalo, lo más de lo más, el acierto seguro: el circo y las ludotecas.
una serie de dibujos animados actual, me doy cuenta de que tengo que escribir mi opinión sobre
charlie rivelSoltada la bomba ahora tengo que matizar. En ambos casos hay opciones buenas, con una buena base y grandes ideas, lo malo es que lo que abunda de las dos es una versión deformada y grotesca. De pequeña nunca me gustó el circo. Me entristecía mucho ver a los animales haciendo cabriolas, obligados a comportarse como humanos y sin libertad. Mis padres nunca me dieron su opinión al respecto hasta que yo dije que no quería ir más. Quiero decir que la idea era mía, no inculcada. Yo veía tristes a los animales, había crecido a su lado y los conocía. Y por otro lado están los payasos. Hay payasos maravillosos, payasos que irradian ternura y que te hacen reír y compadecerte, payasos que enseñan (Charlie Rivel es mi favorito).


Pero eso es un arte, y para conseguirlo si que creo que es uno de los casos en los que prima el talento. Hay muy pocos payasos verdaderos. El resto me resultan espectáculos violentos, histriónicos y sin amor. Me gusta el Circo del Sol porque no tienen animales y porque todo es mágico, un mundo onírico, la música tiene un papel vital y todos los números están enlazados en una historia y una temática determinadas, ensalzando y embelleciendo el trabajo de cada artista. Lo malo es que la mayoría de los circos que se acercan a nuestra ciudad, aunque trabajen en ellos gente que adore el circo, dan una imagen y ofrecen un espectáculo que yo, personalmente, no querría que mis hijos vieran. Suelen tener un aspecto decadente en contraste con los colores chillones y las caras sonrientes (aunque los artistas no destilen felicidad). Si eso hace que los niños se lo pasen de maravilla, por la misma regla de tres se lo pasarían igual yendo de visita a un psiquiátrico, no hay mucha diferencia con los circos a los que me refiero. 
  Lo de las ludotecas va en la misma línea. Hay unas más correctas que otras. Sitios cerrados sin ventanas llenos hasta los topes de juegos, hinchables, piscina de bolas, con las canciones de las series infantiles (horrorosas y lanzando mensajes a los niños poco menos que cuestionables) a todo tren y monitores con comportamiento de "yo el RedBull me lo tomo como agua". Y los padres comentan lo contentos que van los niños a los cumpleaños que se celebran en estos sitios. Ya. Claro. Los niños saben que van a estar en un lugar sin ley, gritando a todo pulmón, durante 3 horas y que además les van a dar una merienda a base de azúcar. Luego no entendemos porqué a los adolescentes les gusta hacer botellón. En estas condiciones los niños están sobreexcitados. Les enseñamos que para divertirse tienen que "desfasar", además en este tipo de cumpleaños suele haber unos monitores que organizan juegos, pero cambian de juego cada 10 o 15 minutos, porque dicen que los niños no aguantan más tiempo con una misma actividad. ¡Perdonenme pero ésto es inculcar el TDAH! Así que durante 3 horas los niños hacen unas 18 actividades descontando el tiempo de la merienda. Es una absoluta locura, nada recomendable, aunque se ha puesto de moda porque es un "paquete" que seduce a todos: te preparan
la fiesta de principio a fin, no tienes que preocuparte de nada, es un lugar cerrado y seguro, los niños van encantados y los padres se desentienden totalmente. Y no veo nada malo en contratar profesionales para organizar este tipo de eventos para niños, solo digo que no todo es válido y que siempre será mejor realizar actividades al aire libre, los niños de ciudad pasan demasiado tiempo encerrados.
  Al principio de esta entrada nombraba a Diego Cuevas y su artículo sobre los dibujos animados de hoy en día. Y eso fue lo que me dio la idea para escribir esta opinión: no todo lo que es para niños es bueno para ellos, igual que no es bueno todo lo que se pone de moda sólo porque sea "lo último". Nosotros, como padres, tutores y educadores, nosotros como adultos al fin, tenemos la última palabra, tenemos la obligación de valorar todo lo que está destinado a ser consumido por nuestros niños. ¿Cómo valorarlo? Pues un buen punto de partida es: si es bueno para los adultos, si un adulto puede aprender algo y puede hacerle pensar y recapacitar con ello, es bueno para los niños. Cualquier producto infantil debe enseñar, culturizar, ejercitar la creatividad, y divertir, y podrá cubrir todos estos puntos tenga la edad que tenga el usuario. Todo aquel producto que trate a los niños como imbéciles es inútil (yo diría más: contraproducente).
  Si la persona que a alguien que habla otro idioma le habla en el suyo pero a gritos y vocalizando creyendo que así le entenderá y todos ya sentimos vergüenza ajena con ello ¿por qué lo hacemos con los niños? Empecemos a tomarnos en serio que se educa más en los momentos de ocio y por ello es más importante escoger bien cómo y qué.

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